Strade Bianche 2026 cambia las reglas: menos gravel, más incertidumbre y una carrera pensada para explotar hasta Siena
La Strade Bianche 2026 no será simplemente una edición más. Los organizadores han decidido tocar una de las señas de identidad más sagradas de la prueba: la cantidad de kilómetros de sterrato. Y no es un detalle menor. Es un movimiento estratégico para transformar por completo la manera en la que se corre —y se gana— esta clásica toscana.
En los últimos años, la carrera había seguido una línea clara: más dureza, más sectores de tierra, más desgaste. El resultado fue un espectáculo visual impresionante, pero también ediciones donde la batalla por la victoria se resolvía demasiado pronto. Las exhibiciones lejanas, especialmente de corredores con una capacidad física descomunal, terminaron por reducir la incertidumbre que hace grande a una clásica.
Para 2026, la organización ha decidido dar un paso atrás… para dar dos hacia adelante en espectáculo.
Menos kilómetros de tierra, más carrera viva
El recorrido vuelve a una versión más cercana a la Strade Bianche “tradicional”. La distancia total se fija en 201 kilómetros, dejando atrás los 215 km que había alcanzado recientemente. Pero el dato que realmente cambia el guion es este:
Se eliminan dos sectores de sterrato
Los kilómetros totales de gravel bajan de 86 km a 64 km
Esto no significa que la carrera vaya a ser fácil. Significa que será menos predecible. Con menos desgaste acumulado extremo desde muy lejos, más corredores pueden llegar con opciones reales a los sectores decisivos. Se abre el abanico táctico y se reduce la probabilidad de que un solo ataque lejano sentencie todo sin respuesta.
Una decisión pensada para atraer a más estrellas
La Strade Bianche vive en un punto delicado del calendario, entre el inicio de temporada y el bloque grande de clásicas del norte. En los últimos años, algunos especialistas del pavés habían priorizado Bélgica antes que la Toscana, en parte por la dureza creciente del recorrido italiano.
Con este rediseño, la carrera vuelve a ser más versátil, más atractiva para corredores explosivos, clasicómanos potentes y ciclistas con punta de velocidad tras un día duro. Es un equilibrio entre resistencia y táctica, no solo supervivencia.
La esencia no se toca
El ajuste no borra la identidad de la prueba. Siguen en el menú los tramos que hacen de la Strade Bianche una carrera única en el mundo:
El durísimo Monte Santa María
La exigente subida a Montalcino
El encadenado final de Colle Pinzuto y Le Tolfe
Y, por supuesto, el muro final de Via Santa Caterina en Siena, donde las piernas arden y las carreras se deciden a gritos
Esos sectores seguirán seleccionando, rompiendo grupos y provocando ataques. La diferencia es que más corredores podrán llegar allí con opciones reales, lo que multiplica los escenarios posibles.
¿Qué podemos esperar en 2026?
Una Strade Bianche menos enfocada en la demolición por desgaste extremo y más centrada en la tensión táctica constante. Ataques, respuestas, equipos jugando sus cartas y una resolución menos escrita de antemano.
En lugar de una carrera que se decide a 80 kilómetros de meta, la idea es recuperar esa sensación de que todo puede pasar hasta que se entra en Siena. Menos kilómetros de gravel, sí. Pero potencialmente, mucho más espectáculo real.


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